En 2023 éramos dos personas que comían panchos a las tres de la mañana y se
quejaban del pan. Siempre el pan. El pan se moja, el pan se desarma, el pan es
una excusa para sostener una salchicha que tampoco era gran cosa.
Nos pareció que el problema no era difícil: era que a nadie le importaba. Así que
pasamos ocho meses probando masas en un horno prestado en Villa Crespo hasta que
una aguantó veinte minutos con mostaza encima sin rendirse. Esa es la que hacemos hoy.
La salchicha llevó más. Tuvimos que convencer a un charcutero de que valía la pena
hacer una fórmula para un local que todavía no existía. Dijo que no dos veces.
Abrimos en septiembre de 2024 con una ventana a la calle y cuatro variedades.
No tenemos mesas ni delivery propio. Hacemos 120 panes por día y cuando se
terminan, cerramos.